Consumo de marihuana en neurodivergentes: qué sabemos sobre sus efectos y riesgos

El consumo de marihuana en neurodivergentes es un tema del que cada vez hablamos más en consulta. Algunas personas con TDAH o autismo cuentan que el cannabis les ayuda a bajar el ruido mental, dormir, disminuir la ansiedad o recuperarse después de situaciones de mucha sobrecarga. En ocasiones, llevan años utilizándolo de esta manera antes incluso de saber que son neurodivergentes.

Esto plantea una cuestión importante desde la psicología. Una sustancia puede producir un alivio real y, al mismo tiempo, tener consecuencias que conviene conocer. Entender por qué una persona consume no implica minimizar los posibles riesgos del cannabis, de la misma manera que conocer esos riesgos no debería llevarnos a juzgar una estrategia que probablemente apareció intentando resolver alguna dificultad.

En este artículo vamos a revisar qué sabemos hasta ahora sobre cannabis y neurodivergencia, prestando especial atención al TDAH y al autismo.

Antes de hablar de marihuana: THC y CBD no son lo mismo

Utilizamos palabras como cannabis o marihuana de forma bastante general, aunque dentro de la planta encontramos diferentes sustancias con efectos distintos.

Entre los cannabinoides más conocidos están el tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD).

El THC es el principal responsable de los efectos psicoactivos que asociamos habitualmente con consumir marihuana. Puede modificar la percepción, la atención, la memoria o la coordinación y producir sensaciones de relajación y euforia. También puede generar ansiedad, paranoia y, en determinadas circunstancias, síntomas psicóticos.

El CBD tiene características diferentes y no produce la misma intoxicación. Además, algunos cannabinoides se utilizan con finalidad terapéutica para indicaciones médicas concretas.

Esta diferencia es importante porque hablar de los posibles beneficios médicos de determinados cannabinoides no equivale a hablar de los efectos del consumo recreativo de marihuana.

A lo largo de este artículo me voy a referir fundamentalmente al cannabis que contiene THC, especialmente cuando su consumo es frecuente o se utilizan productos con concentraciones elevadas.

¿Es más frecuente el consumo de marihuana en neurodivergentes?

Hablar de consumo de marihuana en neurodivergentes como si estuviéramos ante una población homogénea sería un error. La investigación disponible es muy diferente dependiendo de la neurodivergencia que analicemos.

En TDAH encontramos uno de los resultados más claros.

Un metaanálisis publicado en 2024 estimó que el trastorno por consumo de cannabis aparecía en un 26,9 % de las personas con TDAH a lo largo de la vida y en un 19,2 % en el momento de la evaluación. Al comparar estos datos con población general, las personas con TDAH presentaban aproximadamente 2,9 veces más riesgo de desarrollar un trastorno por consumo de cannabis.

En autismo la fotografía es algo más compleja.

Algunas investigaciones encuentran que las personas autistas consumen sustancias con menor frecuencia que las personas no autistas. Sin embargo, cuando existe consumo, parece especialmente importante preguntarnos por su función.

En un estudio con adolescentes y adultos autistas, quienes utilizaban drogas recreativas señalaban con mayor frecuencia que las personas no autistas que lo hacían para manejar dificultades relacionadas con su salud mental y determinadas experiencias asociadas a su funcionamiento.

En altas capacidades disponemos de mucha menos investigación específica. Con la evidencia actual no podemos afirmar que las personas con AACC presenten una mayor prevalencia de consumo de cannabis.

¿Qué función puede estar cumpliendo el cannabis?

En consulta, conocer cuánto consume una persona es importante, pero resulta insuficiente si no sabemos para qué está consumiendo.

Una persona con TDAH puede descubrir que fumar disminuye temporalmente la sensación de tener varias líneas de pensamiento abiertas al mismo tiempo. Una persona autista puede utilizarlo después de una jornada de mucha exigencia social o sensorial. Otras personas encuentran en el consumo una manera de conciliar el sueño, disminuir la ansiedad, frenar la rumiación o sentirse más cómodas en situaciones sociales.

Cuando algo consigue reducir nuestro malestar de forma rápida, aumenta la probabilidad de que volvamos a utilizarlo la próxima vez que aparezca ese mismo estado.

Así puede establecerse progresivamente una asociación entre determinadas experiencias —ansiedad, aburrimiento, sobrecarga, insomnio, conflicto— y el consumo.

Desde una mirada psicológica, por tanto, tiene sentido entenderlo como una estrategia de regulación cuando esa es la función que está cumpliendo.

Que una estrategia regule no significa necesariamente que sea saludable o sostenible. Precisamente por eso merece la pena conocer tanto aquello que aporta como sus posibles costes.

Qué sabemos sobre los efectos del THC en el cerebro

Grupo Sonia Garijo

Los efectos del cannabis dependen de muchos factores: la cantidad consumida, la frecuencia, la concentración de THC, la edad de inicio, las características individuales o el consumo simultáneo de otras sustancias.

Durante la intoxicación, el THC puede interferir en la atención, la memoria, el aprendizaje, la coordinación y la toma de decisiones. Cuando hablamos de consumos frecuentes o prolongados, la investigación también ha encontrado asociaciones con dificultades en algunas funciones cognitivas, especialmente en memoria, aprendizaje y funciones ejecutivas.

En neurodivergencias este aspecto merece especial atención.

Por ejemplo, una persona con TDAH puede tener dificultades previas relacionadas con la memoria de trabajo, el control inhibitorio, la organización o la atención sostenida. Si además utiliza con frecuencia una sustancia que puede interferir sobre algunas de estas funciones, necesitamos valorar cómo interactúan ambas cosas en su vida cotidiana.

Esto no permite concluir que el cannabis sea especialmente neurotóxico para las personas neurodivergentes. No tenemos evidencia suficiente para realizar una afirmación de ese tipo. Lo que sí podemos hacer es estudiar cada caso teniendo en cuenta el funcionamiento cognitivo previo y los cambios que aparecen asociados al consumo, teniendo en cuenta que puede agravar las dificultades cognitivas previas.

Cannabis, memoria, aprendizaje y coeficiente intelectual

Uno de los aspectos que más preocupa del consumo frecuente de cannabis, especialmente cuando comienza durante la adolescencia, es su posible impacto sobre el funcionamiento cognitivo.

En 2021 se publicó en Psychological Medicine una revisión sistemática y metaanálisis de estudios longitudinales que intentaba responder precisamente a esta cuestión. Los autores reunieron siete cohortes que incluían a 808 jóvenes con consumo frecuente o dependencia de cannabis y 5.308 controles.

Una de las fortalezas de estos estudios es que no se limitaron a comparar el CI de personas consumidoras y no consumidoras en un único momento. Para formar parte del metaanálisis era necesario disponer de una evaluación del CI realizada antes del inicio del consumo y otra posterior.

Los jóvenes con consumo frecuente o dependiente mostraron un descenso significativamente mayor del CI que los controles. La diferencia media fue de 1,98 puntos de CI, y el efecto apareció fundamentalmente en el CI verbal.

Dos puntos pueden parecer una diferencia pequeña y, de hecho, los propios autores señalan que probablemente no alcance relevancia clínica considerada de forma aislada. Sin embargo, esto no convierte el resultado en irrelevante. Estamos hablando de una diferencia detectada a nivel poblacional después de comparar el funcionamiento intelectual previo y posterior al consumo.

Además, el CI es solo una de las variables que podemos estudiar. La literatura sobre cannabis también ha encontrado alteraciones en aprendizaje, memoria, atención y algunas funciones ejecutivas, especialmente asociadas a patrones de consumo frecuentes o intensos.

La edad de inicio también importa. La adolescencia y la adultez temprana son periodos en los que el cerebro continúa atravesando importantes procesos de maduración, particularmente en sistemas relacionados con el control ejecutivo y la toma de decisiones. Por este motivo, el consumo frecuente durante estas etapas merece una atención especial.

Ahora bien, estos resultados tampoco permiten afirmar que cualquier persona que consuma marihuana vaya a perder dos puntos de CI ni que exista un deterioro irreversible. Los propios autores plantean una limitación importante: los estudios incluidos no permitían establecer hasta qué punto las diferencias encontradas eran persistentes o podían estar relacionadas con efectos residuales del consumo reciente.

La lectura más ajustada de la evidencia no sería, por tanto, “la marihuana te baja el CI”, pero tampoco que su impacto cognitivo sea despreciable.

Lo que podemos decir actualmente es que el consumo frecuente o dependiente de cannabis durante la juventud se ha asociado longitudinalmente con un significativo descenso del funcionamiento intelectual, especialmente verbal, y que existe evidencia adicional de alteraciones en otros dominios cognitivos como memoria, aprendizaje y atención.

Cannabis y psicosis: uno de los riesgos mejor establecidos

La relación entre cannabis y psicosis es uno de los riesgos para la salud mental sobre los que existe una evidencia más consistente.

Los estudios encuentran una asociación entre el consumo de cannabis y una mayor probabilidad de presentar experiencias psicóticas y trastornos psicóticos. Además, hay un dato especialmente relevante: el riesgo aumenta a medida que aumenta la frecuencia del consumo.

Un metaanálisis que reunió diez estudios y 7.390 participantes encontró una relación dosis-respuesta. Comparado con no consumir, el riesgo estimado aumentaba significativamente a partir del consumo semanal: aproximadamente un 35 % con consumo semanal y un 76 % con consumo diario.

También importa la cantidad de THC.

El estudio multicéntrico EU-GEI, realizado en diferentes ciudades europeas y una brasileña, encontró que los patrones de consumo diario y, especialmente, el consumo diario de cannabis de alta potencia estaban fuertemente asociados con la presencia de un primer episodio psicótico. En las ciudades con mayor disponibilidad de cannabis de alta potencia, las asociaciones fueron especialmente elevadas.

Esto no quiere decir que una persona que consume cannabis vaya necesariamente a desarrollar una psicosis. El riesgo individual depende de múltiples factores y los estudios epidemiológicos no permiten reducir un fenómeno tan complejo a una única causa.

Pero la existencia de una relación dosis-respuesta y la mayor asociación encontrada con productos de alta concentración de THC hacen difícil considerar esta relación como irrelevante.

Por eso merece especial precaución el consumo frecuente, diario y de productos con mucho THC, sobre todo cuando existen otros factores de vulnerabilidad o empiezan a aparecer experiencias como paranoia intensa, alteraciones perceptivas, ideas delirantes o cambios importantes en el contacto con la realidad.

También es importante hablar del consumo cuando ya ha existido un episodio psicótico. La evidencia disponible relaciona la continuidad del consumo con mayor riesgo de recaída y peores resultados clínicos. Por tanto, en estos casos el cannabis debería formar parte explícita de la valoración y del tratamiento.

¿Consumir marihuana aumenta el riesgo de otras adicciones?

La marihuana puede producir dependencia. Este punto a veces queda desdibujado cuando hablamos del cannabis como una sustancia «natural» o centramos la conversación únicamente en sus posibles usos terapéuticos.

Existe un diagnóstico específico de trastorno por consumo de cannabis. Puede aparecer pérdida de control sobre el consumo, dificultad para reducirlo a pesar de querer hacerlo, tolerancia, interferencia con otras áreas de la vida y mantenimiento del consumo aunque esté produciendo consecuencias negativas.

También existe síndrome de abstinencia por cannabis. En personas que han desarrollado un consumo frecuente o intenso, al reducirlo o interrumpirlo pueden aparecer irritabilidad, alteraciones del sueño, inquietud, ansiedad, disminución del apetito y deseo intenso de volver a consumir. La existencia y relevancia clínica de este síndrome están bien establecidas.

Otra cuestión diferente es si consumir cannabis conduce a consumir otras drogas.

Durante décadas se popularizó la idea de la marihuana como “droga de entrada”: una persona empezaría consumiendo cannabis y, como consecuencia, progresaría hacia cocaína, heroína u otras sustancias.

Sabemos que las personas que consumen cannabis con frecuencia presentan una mayor probabilidad de consumir también otras drogas y que esta asociación es especialmente importante cuando el consumo comienza pronto y es frecuente. Sin embargo, de ahí no podemos concluir que el cannabis sea la causa directa de esa progresión. La mayoría de las personas que consumen cannabis no terminan utilizando drogas consideradas de mayor riesgo.

Actualmente se consideran explicaciones más complejas. Las diferentes adicciones comparten factores de vulnerabilidad: predisposición genética, impulsividad, dificultades de regulación emocional, problemas de salud mental, trauma, contexto social, disponibilidad de sustancias o pertenencia a grupos donde existe mayor acceso al consumo. Además, consumir una sustancia ilegal puede aumentar las oportunidades de contacto con otras.

La literatura sobre vulnerabilidad común a las adicciones plantea precisamente que parte de la asociación entre cannabis y otras drogas puede explicarse mejor por estos factores compartidos que por una secuencia inevitable en la que una sustancia conduce a la siguiente.

Esto tiene especial sentido dentro del enfoque que estamos utilizando para comprender el consumo en personas neurodivergentes. Si una persona utiliza el THC como principal herramienta para manejar ansiedad, insomnio, sobrecarga, aburrimiento, impulsividad o malestar emocional, no basta con preguntarnos qué sustancia consume.

También necesitamos comprender qué está intentando regular mediante el consumo y qué otras herramientas tiene disponibles para hacerlo.

Reconocer esta función no elimina el riesgo de dependencia. Nos ayuda a entender cómo se ha construido el patrón de consumo y, por tanto, dónde podemos intervenir.

Cuándo una estrategia de regulación empieza a convertirse en un problema

No existe una única cantidad o frecuencia que permita comprender por sí sola la relación que una persona tiene con el cannabis.

Puede ser útil observar si se han producido cambios.

Quizá antes consumías ocasionalmente y ahora lo necesitas prácticamente cada noche para dormir. Puede que hayas empezado a evitar determinados planes si sabes que no podrás fumar, que necesites consumir para relacionarte o que cada vez te resulte más difícil atravesar determinadas emociones sin recurrir a ello.

También pueden aparecer dificultades para reducir el consumo aunque exista intención de hacerlo, necesidad de consumir cantidades mayores, problemas de memoria o concentración, interferencias en los estudios o el trabajo, o mantenimiento del consumo a pesar de notar consecuencias negativas.

En estos casos ya no estamos hablando únicamente de si el cannabis “funciona”. La pregunta pasa a ser qué lugar está ocupando en tu capacidad para regularte y cuánto margen tienes para elegir no utilizarlo.

Cómo abordar el consumo de marihuana en neurodivergentes

Una intervención que solo pretenda eliminar la conducta puede dejar intacta la necesidad que hizo que apareciera.

Por eso, además de valorar frecuencia, cantidad, dependencia y consecuencias, conviene explorar qué ocurre antes y después del consumo.

¿Aumenta cuando hay sobrecarga? ¿Después de situaciones sociales? ¿Cuando cuesta dormir? ¿En momentos de aburrimiento o infrestimulación? ¿Cuando aparece ansiedad? ¿Permite dejar de pensar o de sentir durante unas horas?

Estas preguntas permiten comprender mejor qué función está cumpliendo.

A partir de ahí podemos trabajar sobre regulación emocional, sueño, necesidades sensoriales, funciones ejecutivas, ansiedad social, trauma o cualquier otro elemento que esté participando en el patrón.

El objetivo es ampliar recursos para que la persona tenga más posibilidades de elección.

Y esto es especialmente importante en neurodivergencias: las alternativas que construyamos necesitan estar adaptadas al funcionamiento real de esa persona, no al funcionamiento que suponemos que debería tener.

Comprender el consumo para poder decidir qué hacer con él

Podemos hablar de los riesgos del cannabis sin convertir el consumo en un problema moral.

También podemos reconocer el alivio que una persona encuentra en él sin concluir que, por producir alivio, carece de consecuencias.

Entre esos dos extremos hay una conversación mucho más interesante.

Comprender el consumo de marihuana en neurodivergentes implica observar la sustancia, pero también el sistema nervioso que está recurriendo a ella: qué intenta regular, qué recursos tiene disponibles y qué ocurre cuando intenta prescindir del consumo.

A veces, reducirlo o dejarlo será una parte importante del proceso. En otras ocasiones, el primer paso será simplemente poder observar con más claridad qué lugar ocupa.

Si utilizas cannabis para regular ansiedad, sobrecarga, insomnio, ruido mental u otras dificultades y sientes que necesitas comprender mejor tu relación con el consumo, podemos acompañarte a explorarlo sin juicios y teniendo en cuenta tu funcionamiento neurodivergente.

 

Grupo Sonia Garijo

Preguntas frecuentes

¿Las personas con TDAH tienen mayor riesgo de consumo problemático de cannabis?
Sí. Los estudios encuentran un riesgo significativamente mayor de trastorno por consumo de cannabis en personas con TDAH que en población general.

¿El cannabis puede ayudar a una persona con TDAH a sentirse más tranquila?
Algunas personas describen ese efecto subjetivo. Sin embargo, el THC también puede interferir en atención, memoria y funciones ejecutivas, por lo que sentir alivio no equivale necesariamente a mejorar el funcionamiento.

¿Las personas autistas consumen más marihuana?
La investigación no permite afirmarlo de forma general. Sí encontramos personas autistas que describen el consumo como una manera de manejar ansiedad, sobrecarga u otras experiencias difíciles.

¿Existe relación entre cannabis y psicosis?
Sí. Existe una asociación consistente, especialmente con consumos frecuentes y productos con concentraciones elevadas de THC. Esto no significa que todas las personas consumidoras desarrollen una psicosis.

¿La marihuana puede afectar a la memoria?
El THC puede afectar a la memoria y al aprendizaje durante la intoxicación, y el consumo frecuente se ha asociado también con dificultades cognitivas en algunos estudios.

¿THC y CBD son lo mismo?
No. Son cannabinoides diferentes y producen efectos distintos. Buena parte de los riesgos comentados en este artículo se refieren fundamentalmente al cannabis que contiene THC.

 

Grupo Sonia Garijo
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